¿Por qué perdemos músculo? (Primera parte)

El sistema muscular permite que el esqueleto se mueva, se mantenga firme y también da forma al cuerpo. En los vertebrados los músculos son controlados por el sistema nervioso y aproximadamente el 40 % del cuerpo humano está formado por músculos, es decir que por cada kilogramo de peso 400 gramos corresponden a tejido muscular.

Los músculos conforman una especie de muralla que cuida los huesos y los órganos, y que, además, sirve de alimento y combustible para distintas funciones internas del organismo. No es gratuita, entonces, la preocupación por evitar o disminuir su pérdida a medida que se envejece.

La pérdida de masa muscular empieza a los 30 años con una tasa del 8 % por década. Este porcentaje se hace mayor a medida que van pasando los años, es decir que es progresivo y acelerado después de los 40 años. Es bueno resaltar que antes de perder músculo se da primero la pérdida de fuerza y por eso con los años se nos va dificultando la movilidad, el levantarnos de una silla y muchas otras actividades del día a día, y con esto la pérdida de músculo o la sarcopenia.

Lo primero que hay que aclarar es que la sarcopenia es una condición, no una enfermedad. La medicina acuñó el término en 1989, desglosándolo, según el idioma griego, en sarco (carne) y penia (pobre); es decir, “pobreza de carne”, lo que, pasado por un tamiz clínico moderno, podría entenderse como pobreza de músculos.

Se manifiesta básicamente cuando comienza la vejez, justo cuando las rutinas biológicas y sociales comienzan a cambiar. Se describe como una condición que acompaña al envejecimiento y que ocasiona la pérdida de la masa y la fuerza muscular.

La fuerza ya no está conmigo

Los síntomas más frecuentes que refieren las personas de la tercera edad son la fatiga, el no tener fuerzas para hacer las actividades cotidianas como ir al mercado, levantar las bolsas, cargar al nieto, y, también, las caídas sin motivos aparentes. “Ya no tengo la fuerza de antes, mis piernas no responden como solían hacerlo, no tengo suficiente fuerza en los brazos”, son las principales quejas de las personas adultas.

Pero si alguna buena noticia puede rescatarse es que “el envejecimiento es universal, irreversible, pero heterogéneo e individual. Es como sucede con los niños, que no caminan al mismo tiempo, no comienzan a hablar a la misma edad y no todos logran hacer cosas en una misma etapa”. Justamente en lo heterogéneo e individual es donde está la diferencia entre una persona que se mantiene activa y otro que ha llevado una vida sedentaria.

Proteger al músculo

No se trata de rendir culto al músculo y convertirse en fisicoculturista. Solo debe mantenerse activo y alimentarse adecuadamente. La masa muscular depende de tres factores fundamentales: nutrición, ejercicio y hormonas. La buena nutrición y los buenos hábitos alimentarios deben comenzar en la niñez y afianzarse durante la juventud. El pico máximo de calidad de masa muscular y huesos se tiene a los 25 años. Por ello es fundamental que los jóvenes se nutran adecuadamente, pues esto preparará sus músculos para sostener los cambios que posteriormente van a aparecer con la adultez y el envejecimiento.

El envejecimiento no es más que el cambio del ambiente hormonal, sobre todo el ambiente anabólico, la calidad de la testosterona, los estrógenos, la hormona del crecimiento, entre otras, que son las hormonas anabolizantes. Ellas son las que permiten la reparación, pero solas no son suficientes, es necesario comer adecuadamente y ejercitarse. Para procurar una fibra muscular fuerte hay que propiciar un ambiente hormonal igualmente vigoroso, con aminoácidos de calidad y con ejercicio físico que estimule los factores de crecimiento.

Invitamos a nuestros lectores y grupos de personas a que hagan actividad física. Por su parte, a las juntas de acción comunal preocupadas por su comunidad y que estén interesados en saber su porcentaje de musculo, a escribirnos al email juangonzalogomez1@gmail.com o al WhatsApp 310 421 91 50.

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