No más venganza, no más conquista

Luisa F. Giraldo Columnistas

Por Luisa F. Giraldo.

Venganza siempre hay, pero ya no más venganza. Un grupo de mujeres, no todas, nos estamos vengando sistemáticamente de los hombres. Partiendo de la idea originaria de que los hombres son malos, «ellos solo quieren eso», dicen las abuelas refiriéndose al sexo.

Entonces, este grupo de mujeres crecieron entre la desconfianza de amar y ser amadas, con la sexualidad en medio, y entre «este solo me quiere comer».

Entre el vaivén del amor y el sexo se va forjando una coraza que va desde la desconfianza hasta el deseo y en poquísimas ocasiones hacia el amor.

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¿Es lo que quiere?, dice una de tantas, es lo que le daré, y como quien tiene el poder entre las piernas, las abre y permite que se deleite entre ellas; cuando el hombre ha consumado su deseo, ella lo mira despectiva, viendo ese animal, como un animal muerto, salió lo más básico del sujeto, su instinto más primitivo.

Él se enorgullece y pone los brazos hacia atrás y con las manos en la cabeza, como en la tranquilidad de alcanzada la victoria. La mujer lo desprecia desde el momento en que llegó al clímax y se retorció dejando la valía entre las sábanas.

La mujer cree que se vengó, el hombre cree que conquistó.

Ninguno ganó. Ambos víctimas y presos de una idea infundada, originada mil años antes que ellos y reproducida hasta llegar a los cimientos de lo que hoy creen que son.

Entonces, no hay más venganza. Por más hombres que caigan entre sus piernas y por más mujeres que las abran para él, el resultado es el mismo: un vacío de una victoria jamás aclamada y una venganza no consumada.

La víctima: nosotros mismos.

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