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El empleo soñado: dos historias distintas, una misma estafa

  • A Paula la llamaron al mediodía del viernes pasado para ofrecerle le trabajo ideal. Había estado esperando una oportunidad como esa desde hacía mucho tiempo. De hecho, había inscrito su hoja de vida en varias plataformas de empleo, esperanzada en que, entre tantos desempleados, ella fuera elegida para ocupar alguno de los cargos a los que se postuló.

    Ese día le dijeron por teléfono que había sido seleccionada como analista contable y administrativa de una empresa de producción de cemento ubicada en El Santuario. Le ofrecieron un salario de 1.700.000 pesos, vivienda o subsidio de transporte desde su lugar de residencia, y un “sartal” de promesas más.

                El eterno “cuentico” de la consignación

    Más tarde, a eso de las 9:30 p.m., recibió un correo electrónico con una serie de indicaciones para consignar 90 mil pesos que, se suponía, eran necesarios para cubrir los gastos de los exámenes médicos para ingresar al cargo.

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    “Los exámenes me parecieron bastante particulares, porque no son los normales que le piden a una persona para ingresar a laborar. Entre ellos pedían una ecografía pélvica, electrocardiogramas, un montón de rayos x... Eso me pareció muy raro. Ellos decían que apenas hiciera el ingreso el lunes, ellos me iban a hacer la devolución del dinero”, narró Paula a MiOriente.

    Ella ya tenía una leve sospecha. Por eso, madrugó el sábado, fue a la Alcaldía de Rionegro y, con la ayuda de varios funcionarios, comenzó a verificar la información. La empresa, en efecto, existe; es una compañía de Argentina con sede en Medellín, pero no en El Santuario. La IPS en la que debía realizarse los exámenes, en cambio, ni siquiera estaba registrada.

                Insiste que insiste

    “Ellos decían que la cuenta de ahorros a la que debía consignar los 90 mil pesos estaba a nombre de la empresa, pero validé esa información y está a nombre de una persona natural. No efectué ningún pago, pero me parece muy delicado”, dijo Paula, quien a propósito vive en Rionegro.

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    Días después, la misma mujer que la había llamado para ofrecerle el trabajo soñado volvió a contactarse con ella desde una línea telefónica de Movistar. Le preguntó si todavía estaba interesada en el cargo, si estaba en la capacidad de hacer el pago mencionado, y Paula, por “seguirles la corriente”, respondió que sí a todo. Sin embargo, como ella no hizo la consignación, nunca se volvieron a reportar.

                Natalia y el famoso curso de alturas

    El de Natalia es un caso relativamente distinto. Al igual que Paula, había publicado su hoja de vida en varias plataformas de empleo, hasta que dio con una vacante para el cargo de ingeniero civil en la Concesión VINUS. Ni corta ni perezosa se postuló, y en menos de lo que canta un gallo recibió la llamada.

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    “Me echó una retaíla tan impresionante que yo me comí el cuento”, narró Natalia. Y es que le prometieron cielo y tierra: 21 días de trabajo por 9 de descanso al mes, bonificaciones, seguros, primas y un largo etcétera.

    “Pero me preguntaron que si tenía certificado del curso de alturas. Yo dije que no. Entonces me dijeron que lo único que necesitaban era que yo apareciera matriculada en una escuela para hacer el curso, y que si algo hacíamos las prácticas allá, en campo”, narró Natalia.

    Entonces el estafador le dio el contacto de un supuesto inspector que podía ayudarla a conseguir el mencionado certificado de alturas, para lo cual tendría que consignar una cantidad de dinero que nunca le confirmaron. ¿Por qué? Porque después volvió a recibir una llamada en la que…

                El supuesto viaje

    … “el gestor me dijo que tenía que viajar, que ellos corrían con el 90% de los tiquetes pero que yo tenía que encargarme del otro 10%. Me dijeron que cuando llegara al sitio del trabajo ellos me desembolsaban el dinero”, contó.

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    Sí, le pidieron un 10% de los tiquetes que, más o menos, equivalía a 300 mil pesos. El punto es que, según los estafadores, tenía que consignarlos en el término de 120 minutos. Fue ahí cuando Natalia cayó en la cuenta de que estaba siendo estafada.

    “Ellos estaban desesperados, me llamaban cada media hora. A los dos días me volvieron a llamar para ofrecerme más salario, pero les dije que había hablado con mi esposo y que había decidido no tomar el puesto”, concluyó Natalia.

                La advertencia

    Esta vez las cosas no salieron tan mal, pues ni Paula ni Natalia se dejaron estafar. Sin embargo, el modo en que estos delincuentes están operando deja dudas sobre la cantidad de personas que, por el contrario, sí han caído. Para estar alertas, MiOriente quiso presentarles esta, la falsa oferta del empleo soñado: dos historias distintas, una misma estafa.

                Las evidencias

     

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