Diócesis de Sonsón-Rionegro defendió a monjas que discutieron con un padre en el Alto de la Virgen. «Es propiedad privada»

La Diócesis de Sonsón-Rionegro expresó su solidaridad con las Hermanas de María Santificadora, involucradas en la discusión con un padre de una prelatura que no es romana, es decir, que no comulga con el papa ni el Vaticano. 

Los hechos ocurrieron en el Alto de la Virgen, en Guarne, donde el padre Julián David Maldonado, miembro de la Prelatura Apostólica Verbum Domini, intentó realizar una eucaristía en compañía de más de 20 peregrinos que viajaron con él desde Medellín.

Allí se formó una discusión cuando el padre y los fieles fueron solicitados por varios policías que llegaron al sitio por pedido de las Hermanas de María Santificadora, la congregación que custodia el santuario de la Virgen en Guarne.

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El argumento usado por las hermanas era que el padre estaba en un predio privado, versión que fue respaldada por la Diócesis de Sonsón-Rionegro. «Recordamos la importancia de respetar el derecho a la propiedad privada y de procurar que cualquier situación o diferencia se resuelva por medios legales, pacíficos y dialogados».

Sin embargo, el padre Julián David le había dicho a MiOriente que aún no estaba confirmada la titularidad del predio, y calificó lo ocurrido como «una persecución religiosa» y un «hostigamiento». 

Por su parte, la Diócesis de Sonsón-Rionegro agregó que «La Iglesia reitera el respeto y la defensa del derecho fundamental a la libertad religiosa, que garantiza a todas las personas y comunidades la posibilidad de profesar y vivir su fe en un ambiente de respeto y sana convivencia. Dado que el ministro religioso involucrado pertenece a otra denominación y que el Santuario de María Santificadora es un espacio propio de la Iglesia Católica, Apostólica y Romana, en plena comunión con el santo padre, se solicitó que no se realizara allí dicha celebración, para salvaguardar la identidad católica del lugar y evitar confusión entre los fieles». 

En diálogo con MiOriente, el religioso dijo que se sintió tratado como si él y sus fieles fueran unos «delincuentes».

«Cuando los policías y las monjas llegaron nos hicieron salir del lugar. Yo recogí mis cosas y me fui con la comunidad para donde otro señor que nos había ofrecido, pero la policía y las monjas se fueron detrás de mí y se pararon en la puerta de la propiedad del señor. Cuando salimos, bajamos hasta la carretera a almorzar, pero seguían detrás de nosotros. Era una persecución, como si nuestros fieles o yo fuéramos delincuentes. Lo considero un hostigamiento, algo bochornoso, una persecución religiosa; ellas grababan y se burlaban de mí», dijo.

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