Por María Gabriela Pavas Álvarez.
Veré el brillo de las aguas,
me llevará el caudal en el instante mismo del viaje,
después caminaré o me detendré
según el tinte que me depare el universo;
tal vez, el color plata de la lluvia caiga sobre mi pelo blanco;
en la noche miraré con intensidad la bóveda celeste,
regresaré de allí y daré tres pasos en el suelo.
Cuando todo pase, no sé dónde y haya tiempo,
habrá un mediodía para ayudar a los insectos
a enterrarse vivos en el césped fresco;
al atardecer veré morir un astro, entonces
nacerás en mí, a oscuras e invisible,
al amanecer veré regar la luz de nuevo
y dorados girasoles darán vuelta al horizonte;
de prisa llegará a mí la soledad.
Cuando inhale y exhale serás aroma del aire que respiro,
irás conmigo en el caudal, en el mismo viaje
porque habitas en el átomo de aire, mi átomo de verdad.
Cuando todo pase y haya tiempo,
de qué y a dónde, no lo sé.
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Cuando todo pase (poema)
«Al atardecer veré morir un astro, entonces nacerás en mí, a oscuras e invisible».
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Estampa de Navidad
“En los campos de mi pueblo, a mediados de noviembre se pintaba la casa y se retiraba el hollín de la cocina, se arreglaba el jardín y se comenzaba a recoger la leña; en la tabla de la cocina reposaban ya tacitas de leche y quesos para preparar los alimentos de Nochebuena”.
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Caminantes
“Pueblo de pastizales, cristalinas aguas con piedras de río: No crezcas tanto; llévame al morichal, al maizal, a la papera; abriga los caracoles y deja un árbol para que picoteen y en él hagan su casa los pájaros carpinteros”.






