Por: Ricardo Andrés Giraldo Cifuentes.
De los procesos de paz en Colombia, siempre se ha esperado la prudencia en las formas. Sin embargo, en el contexto político actual, la diplomacia está siendo sustituida por la inmediatez. La comunicación impulsiva y peor, canalizada a través de redes sociales, ha pasado de ser una herramienta de transparencia a un factor de inestabilidad, socavando los cimientos del consenso. La gestión de un conflicto armado no internacional exige rigor; cuando el Ejecutivo opta por el ‘tuitazo’ antes que por el comunicado oficial, no solo pone en riesgo su imagen, sino que fractura la credibilidad necesaria para negociar y abre la puerta a la interferencia extranjera. Este es el alto costo de la improvisación digital en tiempos de conflicto.
La argumentación en la resolución de conflictos depende de un acuerdo fundamental sobre el significado de las palabras. Es imprescindible que cada término utilizado tenga el propósito de traducir fielmente la realidad, evitando la distorsión de los hechos. Visto así, el lenguaje se convierte en una herramienta vital capaz de solucionar problemas y malentendidos, aproximando posiciones. Cuando las palabras reflejan la verdad y promueven el consenso, contribuyen significativamente a evitar conflictos innecesarios y a impulsar la comprensión mutua.
El uso de redes sociales, en particular plataformas como X (antes Twitter), como medio principal para comunicar decisiones relacionadas con el conflicto armado plantea diversas consideraciones. La rapidez y la naturaleza directa en la difusión de decisiones públicas a través de medios digitales, sin un proceso deliberativo explícito, pueden tener implicaciones en la percepción del gobierno y en la gestión de los distintos actores involucrados en la mesa de diálogo. Un ejemplo reciente es la publicación sobre la supuesta junta del narcotráfico de Dubái, realizada por este canal, que no siguió procedimientos habituales de cautela y diplomacia exigidos en asuntos de seguridad nacional, especialmente al ocurrir antes de su gira a los Emiratos Árabes, Arabia, Egipto y Qatar.
Esta dinámica comunicacional, marcada por la falta de tacto en la divulgación de determinaciones gubernamentales, lejos de promover la calma, tiende a exacerbar las fracturas y segmentar aún más a quienes intervienen en el conflicto armado no internacional.
El país experimenta, por lo tanto, un clima generalizado de incertidumbre y desasosiego, donde la percepción ciudadana sobre el orden público se ve alterada significativamente. En este escenario, la sociedad enfrenta interpretaciones divergentes respecto a la dirección que toma el Ejecutivo y a los criterios que orientan sus decisiones, lo cual dificulta la construcción de consensos y la búsqueda de soluciones conjuntas orientadas a superar el ciclo de violencia y zozobra.
A esta inestabilidad interna se suma el impacto de las posturas presidenciales en el ámbito internacional. Resulta preocupante observar las decisiones administrativas adoptadas por gobiernos extranjeros en respuesta a las posturas controvertidas del presidente Petro.
Desde una perspectiva nacional, estas acciones pueden ser interpretadas como una injerencia en los asuntos internos del Estado, lo que genera afectaciones que trascienden la figura presidencial y repercuten negativamente sobre la totalidad del país. Para quienes entienden la negociación como la única vía realista para lograr el fin de la violencia y la incertidumbre, estas intervenciones externas representan un obstáculo adicional en la ruta hacia la paz y el cese definitivo del sufrimiento colectivo.
La comunicación en el manejo de un conflicto armado no es un asunto trivial; es, en esencia, un acto de Estado que demanda rigurosidad, diplomacia y previsibilidad. Si bien la inmediatez de la tecnología es una realidad, el Ejecutivo debe priorizar la deliberación formal sobre el impulso digital. Solo recuperando el consenso, el tacto y la fidelidad del lenguaje en los canales oficiales se podrá recuperar la percepción de orden, reducir la incertidumbre social y fortalecer la única vía efectiva para la paz: la negociación.
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