¿Quién responde por los niños de La Guajira?

Somos un país con una actualidad acelerada donde las noticias nacionales giran alrededor del proceso de paz, el plebiscito, el hacker y la reforma tributaria. Somos un país con sueños de armonía, con jóvenes entusiastas, con sed de cambiar lo que está mal, pero en medio de tanta tormenta, ¿quién responde por los niños que están falleciendo en La Guajira? Surge en mí un sentimiento de vergüenza cuando escucho las tristes historias de estos niños; vergüenza por que los hemos abandonado, tristeza porque fuimos nosotros quienes elegimos a los gobernantes que tienen el poder y el deber de socorrerlos.

No hay excusa más absurda que “las tribus indígenas y sus líderes no permiten ayuda” o “su cultura no deja que los niños sean llevados a un hospital”. ¡Por Dios! Si esa región es rica en minerales y petróleo, ¿cómo no va a poder llevar la ayuda a sus tribus? Hasta cierto punto es entendible que le teman a la medicina moderna, pero los médicos o nutricionistas sí podrían ir a sus viviendas y familias completas recibirían con los brazos abiertos los tanques de agua o los mercados que fueran enviados.

Este escenario tan lamentable va más allá de una crítica regional, es también un inconformismo por no saber qué hacer. Hay una situación que se presenta entre los fotógrafos de NatGeo o Discovery Channel, que permite hacer una analogía crítica a esta problemática. Cuando ellos salen a sus expediciones tienen prohibido interferir en el desarrollo normal de la naturaleza. Esto es, por ejemplo, cuando se observa a un par de leones luchando por su territorio, el vencedor por instinto debe matar todas las crías del león derrotado. El fotógrafo no podrá detener la matanza, solo podrá tomar la foto o filmar para la posteridad, porque pareciera que es más importante el registro fotográfico que la especie animal. Análogamente nosotros somos los fotógrafos, los leones son los políticos, mandatarios y empresarios, y pues, las crías son los niños de La Guajira.

Tenemos un chip que nos impide atajar tanta muerte. Colombia se conforma con las noticias morbosas, con las imágenes crudas y con la pobre realidad en la que viven estas tribus. Son una estadística más para socializar en reuniones o para tareas del colegio o la universidad. Lo que se está haciendo son paños de agua tibia, literalmente, porque a todas estas, ¿dónde está el pronunciamiento o acompañamiento de la Iglesia, sea cual sea la religión, llámese Iglesia Católica Romana o MIRA? Estamos permitiendo degradar y acabar nuestra sangre, nuestras raíces. No es posible que se reciban más ayudas de fundaciones europeas que de nuestra propia vecindad.

Van alrededor de 70 niños muertos. Ellos son nuestra responsabilidad y no podemos aplazar más esta hambruna. Nuestro primer compromiso es con el voto, a conciencia y sincero. Elegir los políticos correctos es el primer paso para atacar esta grave matanza que estamos apreciando. Nuestra segunda obligación es la denuncia pública, ésta ejercerá presión y forzará los cambios necesarios para sacar adelante a la niñez maltratada. Y el último paso es promover la solidaridad, uniéndonos y sacando lo mejor de nosotros. Esa es la respuesta, hoy por ti, mañana por mí.

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