Sembrar esperanza en San Francisco

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Nolberto Morales es pequeño como un beso en la mejilla. Bajo el sombrero el cabello negro oscuro de tantas noches le brota encima de las orejas. Me describe los dos ríos que rodean su vereda Boquerón, en San Francisco: Río Verde y Calderas.

José Abel Zuluaga, 73 años, 7 hijos, dientes negros, nariz aguileña, cejas crecidas como el monte, asiente con cada palabra de Nolberto.

Boquerón, su vereda, hoy está libre de sospecha de minas. Que están tranquilos es su respuesta automática, que las botas no los acecha en la noche, que no los atemoriza la manga de una camisa vacía batiéndose en el viento porque las minas o las extrajo el Batallón de Desminado Humanitario N°60 –en 11 veredas y en el corregimiento Aquitania- o ellos las arrancaron de la tierra porque ya no servían y no eran una amenaza.

El Gobierno nacional declaró a San Francisco libre de sospecha de minas antipersonal: allí se desactivaron 20 artefactos de alto poder y 293 minas en un área de trabajo de 340.992 m2. Una de las primeras veredas en los siete años de desminado fue Boquerón, a donde regresaron Nolberto y José Abel en 2008 al enterarse que unos soldados estaban en esa labor.

Que estuvieran desenterrando esos artefactos fue suficiente para decidir volver a su vereda, después de cuatro años de ser desplazados. En 2003 había 55 familias en la vereda. Con las bondades de la Operación Marcial y el amiguismo del Ejército y las Autodefensas del Magdalena Medio abandonaron temerosas 30 familias, ya con el precedente de dos muchachos campesinos asesinados y señalados como guerrilleros. Entonces 25 familias resistieron hasta el 2004 cuando las Farc les dan la orden de desplazarse. Y se van.

Luego llegan las minas, los caminos y sus trampas, los caminos y sus soldados, los caminos y la imagen latente de mangas vacías recordándonos el horror de la guerra. ¿A quién recurrir para describir la casa que se desploma, el techo que se hace trizas? ¿A quién?

Nolberto regresó, por fortuna. Luego de que finalizaran el desminado en Boquerón los campesinos hallaron tres minas que ya no servían. Minas. Hasta el 2014, en San Francisco 111 personas, entre civiles y soldados, fueron víctimas de estos artefactos: 19 murieron, 92 sobrevivieron. Del total de víctimas, 54 fueron campesinos, recordándonos de nuevo que esta y las demás guerras son contra los inocentes, los no parte de su conflicto. La guerra y la estupidez.

Primero San Carlos y ahora San Francisco son declarados en el Oriente como libres de sospecha de minas antipersonal. Colombia tiene un compromiso con la Convención de Ottawa. Pidió un nuevo plazo –hasta 2021- para cumplir con su propósito de desminar. Si el gobierno y las Farc llegan a un acuerdo pronto serán cientos de personas menos que se librarán de esta amenaza, de esa sombra.

Nolberto y José Abel están en su vereda. Los soldados les abonaron las tierras con el desminado, ahora los campesinos siembran la esperanza.

Adenda: En el corregimiento Aquitania más de diez veredas aún permanecen despobladas. Sin sus campesinos no hay manera de saber en qué lugar se sospecha la presencia de minas y, por ende, no se hace un proceso de desminado. El peligro es latente. Esperamos que algún día también sean desminados estos lugares hoy inhóspitos, antes vida.

* Juan Camilo Gallego Castro (@jcamilogallego) es autor del libro Con el miedo esculpido en la piel. Crónicas de la violencia en el corregimiento La Danta, proyecto ganador en crónica de la Primera Convocatoria de Estímulo al Talento Creativo-Antioquia 2012. También es periodista, especialista en derechos humanos y derecho internacional humanitario de la Universidad de Antioquia y estudiante de la maestría en Ciencia Política del mismo centro universitario.

 

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