Con la muerte de mi hijo se destruyeron dos familias: Dalay Hernández

“A pesar de lo que escucho en la radio y veo en la televisión todos los días sobre la justicia de este país, en mi caso en particular creo y confío en ella”. Esa es la esperanza que guarda Dalay Hernández, madre del joven marinillo Sebastián Martínez, quien el jueves 10 de enero fue asesinado, presuntamente, por el hijo de un Sargento de la Policía de El Santuario con el arma de dotación de su padre.

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Y es que la voz de Dalay no evidencia rastros de rencor ni odio, a pesar su profunda tragedia, sino que se nota en ella un sentimiento de perdón y dolor al mismo tiempo, porque sabe que el presunto asesino de su hijo, ya en manos de las autoridades, obró enceguecido por la ira. Cuando lo tuvo de frente, lo miró a los ojos y no supo hacer cosa distinta que abrazarlo y llorar.

“Desde ese momento se destruyeron dos familias: la mía y la del Sargento”, dice Dalay, lo dice por el dolor que carga su hija menor, quien ha tenido que ser sometida a tratamientos psicológicos, y con la plena conciencia del gesto de valentía del agente de la Policía Nacional que entregó a su mismo hijo para ser juzgado por su error.

Dalay espera que los procedimientos legales de la Sijín corroboren finalmente que el arma de dotación del Sargento sí fue utilizada en el asesinato. Mientras tanto, ella asiste en compañía de su hija a varios homenajes que han hecho en memoria de Sebastián.

Perder a su hijo ha hecho que Dalay reitere a los jóvenes la necesidad de pensar antes de actuar. A los amigos de Sebastián, por ejemplo, les ha dicho ya, como un consejo de vida, que en momentos de ira lo mejor es conservar la calma. “El llamado es a no gradar rencor, porque no me imagino uno como madre cargando con este dolor y además con el peso de la venganza; sanar el corazón es el mejor regalo para uno mismo”.

 

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