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La apuesta de EPM para que Oriente sea una subregión turística sostenible

  • La historia de los 66 años de Empresas Públicas de Medellín (EPM) está ligada casi desde su comienzo al Oriente antioqueño. No solo porque esta subregión surte de agua a buena parte del Valle de Aburrá, sino también porque uno de sus proyectos insignes de generación de energía está allí, en una zona que hoy es de visita obligatoria para los viajeros en Antioquia.

    En 1971, cuando EPM tenía 16 años, comenzó la puesta en servicio del que hoy es el complejo hidroeléctrico Guatapé Playas, que tiene influencia en ocho municipios del Oriente: Alejandría, Concepción, El Peñol, Granada, Guatapé, San Carlos, San Rafael y San Vicente. 

    Con medio siglo de historia, ese complejo es hoy mucho más que un símbolo, pues ha convertido la zona de embalses en una de las más turísticas del departamento, pero también en una de las que más interés despierta para la conservación y la sostenibilidad ambiental.

    Más allá de la centralidad turística de Guatapé, alrededor hay múltiples proyectos de turismo comunitario, como la Red Local de Turismo de San Rafael. Lorena Duque, su representante legal, vive hace 25 años en ese municipio. “Me siento de aquí”, asegura la mujer de 48 años que lidera procesos de apropiación comunitaria del turismo.

    Ella reconoce que la actividad de EPM en la región tiene intereses comerciales y estratégicos, pero considera que “ha generado impactos positivos en cuanto a generación de empleo y movilización de la economía. En el tiempo que he vivido aquí he conocido muchos programas de impacto social y ambiental”. En el caso de San Rafael, cuenta que se han beneficiado en aspectos como el fortalecimiento institucional, el mejoramiento de procedimientos administrativos y de comunicación y, por supuesto, en la mejoría de la oferta turística.

    Natalia Góngora, profesional social y ambiental del área de generación de energía, cuenta que EPM sabe del potencial del turismo de naturaleza en la región, por lo que viene trabajando con Cornare para potenciar iniciativas comunitarias. Entre la oferta que buscan enaltecer está la de rutas ecocamineras por las zonas rurales alrededor del embalse de Guatapé. Estas no solo son de bajo impacto ambiental, sino que favorecen la apropiación del territorio.

    Este tipo de turismo se está potenciando en municipios como San Rafael, San Carlos, Alejandría y Sonsón —en este último hay una pequeña central hidroeléctrica— con énfasis en el avistamiento de aves. La idea es que, así como EPM vela por la protección de sus predios, las comunidades y los visitantes contribuyan a proteger aquellos que son propiedad de privados pero que impactan las fuentes hídricas. Al mismo tiempo, estas comunidades se ven beneficiadas por la actividad económica del turismo.

    Esta estrategia, añade Góngora, se fortalece con otras como BanCO2, de fomento forestal, que apoya económicamente a familias que se sumen a las apuestas de conservación. EPM también ha dispuesto viveros en la región para que los campesinos y residentes accedan gratis al recurso forestal y lo siembren en sus predios de forma voluntaria. 

    “Pero el turismo no es el único renglón económico del Oriente. También hemos reconocido la vocación agropecuaria de las áreas rurales”, dice Góngora. Por eso, bajo figuras como las alianzas para el desarrollo, EPM también le apuesta a fortalecer prácticas productivas rentables desde lo económico, pero sostenibles desde lo ambiental. El plátano, el fríjol y sobre todo el tomate son algunos de los productos que se siembran en estos municipios.

    Lorena Duque resalta que este acompañamiento no es estandarizado, sino que EPM tiene en cuenta los criterios y prioridades de cada organización comunitaria. Esto permite mantener algo que para ella es transversal y fundamental en la región: que todo turismo, sea del tipo que sea, tenga un enfoque comunitario y ambientalmente sostenible.

    Al mismo tiempo, reconoce Góngora, esto permitirá mantener y extender el funcionamiento de los proyectos estratégicos asentados en el Oriente, como la central Guatapé Playas. Aunque esta ya sobrepasó los 50 años de vida útil para los que fue construida, podría seguir funcionando por más tiempo si la salud del entorno ambiental lo permite.

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