Algo de nosotros siempre va como arrebatado por el viento

Algo de nosotros siempre va como arrebatado por el viento. La idea de que tenemos dominio en la realización de nuestros destinos, ¿no será, pues, un mero orgullo y un consuelo? Esta fragilidad, ¿no querrá indicar que los sentidos -los rumbos- se parecen más al vaivén y a la deriva?

Insisto en que hay grandes fatalidades ante las que es inevitable sentirse interpelado: las guerras, o, en cualquier caso, los gobiernos, esta pandemia. Sus circunstancias permean las prácticas más íntimas y ordinarias, las modifican a veces directamente y de raíz. Pero hay tantos otros dramas cotidianos, leves giros al bajar del bus, leves giros al dormir, al beberse la espuma última en el vaso o después de saborear lo amargo del café; leves giros que pueden darnos vuelta por fin o desafortunadamente.

Venezuela, por ejemplo, que sigue viviendo una ardua e indigna crisis en la actual dictadura, venía de ser una de las economías más favorables de América Latina a finales de la década del 90 y principios de este milenio. Los motivos de esa prosperidad, por supuesto, estuvieron vinculados a la explotación petrolera, que tuvo un auge destacado en ese territorio inmensamente rico en el hidrocarburo; sin embargo, ahora, la extracción del crudo es una actividad propia de una economía que entra en un lento ocaso a nivel mundial.

Igualmente, las estrategias diplomáticas (o la falta de las mismas), la consolidación de la dictadura y, entre otras razones, el bloqueo por parte de Estados Unidos, influyeron en la decadencia y emergencia en esa nación.

El éxodo significativo de ciudadanos del vecino país, que está por encima del millón y medio solo en Colombia –de un total de 5,4 millones de migrantes venezolanos, según la OEA-, fue, en algún momento de la historia, a la inversa, pues está registrado el paso de miles de colombianos a Venezuela durante los periodos más intensos del conflicto interno con las guerrillas. Fueron más de 500 mil, hacia el año 1981, los que encararon allí ese desarraigo trágico, en su mayoría campesinos sacados a sangre y fuego de sus tierras.

No hay duda de que los procesos históricos nos subyugan, y entonces expresan sus tajos de forma molecular. En los niños que, llevados en brazos a lo largo de las distancias, no pueden más que sus padres con sus cuerpos; en los que intentan pescar en el río, esperando ese golpe de suerte con el que se guardarán de dormitar con esa hambre, ese dolor insano; en los que terminan bajo el fragor de las bombas, está modulado, susurrado, aún no dibujado y sin embargo ahí, ese desesperado gesto de horror.

Es verdad que aquellas violencias no son indecibles -porque lo humano es ese abanico y ese entramado en el que el bien y el mal arden insidiosamente, se lamen, se consuman en incesto-, pero sí son vergonzantes.

Y sí ocurre como un espasmo debido a la impotencia. Esa asonada del viento en arrebato nos embiste. Seguramente esto será artificial, siempre que se piense que en el terreno geopolítico y en el funcionamiento de las sociedades, hay que tomarse el trabajo de develar los rostros que juegan y a qué convienen sus movimientos. Pero también en nuestras decisiones, en los impulsos que nos embargan, en los sueños que nos atormentan, en los pasos que se da al caminar se está bajo el imperio de fuerzas, o bien se está escapando de ellas.

No es que estemos condenados, tampoco, a esto, más que a la fatalidad misma que es hacer camino. Pero yo me pregunto por esa sorpresa frente al aviso de muerte, que llegue en el momento más intenso de una velada, al abrir los ojos apenas; dónde estaremos o estuvimos en su arribo. ¿Sentiremos hambre o frío? ¿Tendremos mojados los zapatos? ¿Qué estaba haciendo, digamos, un pariente lejano, el día del grito de independencia, que le iba a deparar su deceso en la batalla? Antes del derrumbe, ¿cuántos estaban cenando? ¿En qué estaba el artista cuando se impuso su obra mayor? Porque, acto seguido, habrá un cambio.

¿Había alguien dormido cuando se encendió la alerta de evacuación por el colapso en Hidroituango? Hace aproximadamente tres años, cuando ese proyecto estuvo por desencadenar una de las catástrofes más desmesuradas en el país, salió a la superficie, de una manera transparente, la forma en que las decisiones de funcionarios públicos y la corrupción en los procesos podían incidir y transformar cauces naturales en un riesgo para las vidas de miles de personas.

En los días más críticos, comunidades de Briceño, Sabanalarga y Toledo tuvieron que abandonar sus hogares, amenazados por un río Cauca furioso y ajeno a sí mismo. En otro caso, el desplome del puente Chirajara podría ser otro suceso traído a la cuestión, o el desastre del edificio Space; en el Oriente, cuando abruptamente se proyectó la consolidación de la hidroeléctrica y se inundó a El Peñol.

Aún así, hay gente que se atreve a afirmar que en nada cambia si es blanco o es negro en la contienda, o si se avanza pronto o no con la vacunación, o si los puestos del gobierno se eligen a dedo o son profesionales quienes trabajan en sus carteras. Tiembla fuertemente el tablero de ajedrez en el que se nos mueve como peones. Aunque no solo ahí.

Lo fatal es también urdir caminos, y caminar es inevitable. Quizá esto se trate de otra cosa que sumir en la desesperanza. Algo de nosotros va como arrebatado por el viento; ojalá siempre haya algo de nosotros que se rebele.

 

Referencias

BBC News Mundo. (2019, 28 de enero). Crisis en Venezuela: 7 gráficos que explican la situación económica y política en el país sudamericano. BBC News. https://www.bbc.com/mundo/noticias-america-latina-47017193

Chica García, A. (2018, 9 de junio). La gigantesca represa que amenaza con sepultar a 12 municipios en Colombia. Infobae. https://www.infobae.com/america/colombia/2018/06/09/la-gigantesca-represa-que-amenaza-con-sepultar-a-12-municipios-en-colombia/

Gillespie, P., Brocchetto, M. y Newton P. (2017, 26 de julio). Venezuela: ¿cómo pasó de la riqueza al colapso? CNN Latinoamérica. https://cnnespanol.cnn.com/2017/07/26/venezuela-todo-lo-que-debes-saber-sobre-el-colapso-de-venezuela/

Lares, V. (2018, 30 de octubre). Cinco claves del desastre económico que empobreció a la rica Venezuela. El Tiempo. https://www.eltiempo.com/mundo/venezuela/por-que-venezuela-dejo-de-ser-el-pais-mas-rico-de-america-latina-287774

Leal, K. (2021, 17 de marzo). En 2021 la migración venezolana podría llegar a los siete millones: OEA. RCN Radio. https://www.rcnradio.com/internacional/en-2021-la-migracion-venezolana-podria-llegar-los-siete-millones-oea

Morales, C. (2019, 1 de mayo). Cuando los colombianos eran los mayores migrantes de Suramérica. El Tiempo. https://www.eltiempo.com/mundo/venezuela/migrantes-colombianos-cuando-colombia-tenia-la-mayor-poblacion-migratoria-de-suramerica-355162

Portafolio. (2021, 30 de enero). Así se concentra la población migrante venezolana en Colombia. Portafolio. https://www.portafolio.co/economia/asi-se-concentra-la-poblacion-migrante-venezolana-en-colombia-548680

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