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Yuliana Samboní, #NiUnaMas

  • Difícilmente olvidaremos el nombre de Yuliana Samboní, la niña de siete años que fue cruelmente asesinada en Bogotá. La indignación que causó en toda Colombia fue monumental, por su atroz asesinato y por su corta edad, dos condimentos que le rebozaron la gota a los colombianos. La indignación aumenta exponencialmente al identificar al presunto homicida, el señor Rafael Uribe Noguera. Una persona de una familia burguesa de Bogotá, empresarios de buen nombre que permanecen en las sombras emitiendo comunicados que enervan aún más la paciencia de los demás.

    Y no es para más el odio y el repudio generado, ya que no quieren que se repita la historia de Fabio Salamanca. Haciendo memoria, este joven conducía su camionera Audi en alto estado de embriaguez y con exceso de velocidad, embistiendo un taxi en el que se transportaban 2 jóvenes universitarias que perdieron la vida. En este caso, inicialmente le dieron cinco años de prisión, pero en abril del 2015 su pena fue reducida a nueve meses de casa por cárcel y, por si fuera poco su licencia de conducción fue suspendida por 16 meses, cuando la sanción por ley es de 10 años por primera vez (Grado 3), es decir, ni siquiera se le aplicó la ley para conductores ebrios.

  • Colombia está sumida en la corrupción, donde el dinero es quien manda y es el que resuelve los casos. El miedo es latente por temor a que se repita el caso. Rafael Uribe y Fabio Salamanca tienen varias cosas en común: mujeres asesinadas, dinero y justicia coja. Nada raro que a Uribe Noguera le den casa por cárcel y a la vuelta de un año no sepamos nada de él. Porque es normal en Colombia, llenarnos de indignación momentánea y olvidar con los días.

    Necesitamos que ese furor y ese dolor nos perdure mucho más, para que personas como la senadora Gilma Jiménez puedan lograr penas más fuertes para los violadores y asesinos de niños. Pero lastimosamente lo bueno no dura. Cuando más enérgica venia la Señora Gilma, partió de este mundo en junio del 2013 dejándonos ese legado de perseverancia por la lucha los derechos de la niñez colombiana.

    Esa es la fuerza que requiere este país, para presionar al legislativo para crear leyes duras y ejemplares en contra de los asesinos. Y no debemos desfallecer en la protesta para que los jueces sientan el mandato de un pueblo con dolor y sed de justicia. Debe llegar el día en que las leyes cambien, la corrupción acabe, los asesinos paguen y los muertos tengan justicia. Lamentablemente la mente humana es muy compleja y no sabemos cuándo atacará un psicópata, pero acabando con la corrupción y endureciendo las penas seguramente los índices de homicidios bajarán, dándole a los niños la tranquilidad y la paz que se merecen.

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