Más que un incendio, fue un “memoricidio”

Jeison Stiven López Londoño

Dos meses antes de su asesinato, el caudillo liberal Jorge Eliécer Gaitán Ayala había citado a miles de personas a realizar la Marcha del Silencio para denunciar la violencia sufrida por los simpatizantes de su partido por parte del bando conservador, miembros del gobierno de Mariano Ospina Pérez y la fuerza pública. Cuentan los estadistas e historiadores que ese día se aglomeraron en la Plaza de Bolívar y sus calles cercanas alrededor de 100.000 manifestantes; para algunos fue la concentración más grande que haya tenido Colombia hasta entonces. Los asistentes al evento masivo debían guardar absoluto silencio como muestra de duelo por las víctimas asesinadas. Pero sabían que solo una persona tenía la potestad para articular palabra alguna; la calidad de elocuencia y oratoria de Gaitán Ayala producía la exaltación de las masas.

El 7 de febrero de 1948 el pueblo fue encargado de ser el telonero. A medida que agitaban las banderas negras, Gaitán se abría paso en medio de la multitud para declamar la Oración por la Paz en el marco de la Marcha del Silencio. En un acto profético, estaban denunciando el incendio y “memoricidio” que habría de ocurrir dos meses después. El líder liberal representaba todo lo opuesto a la típica oligarquía colombiana, donde sus representantes provenían de algún linaje aristocrático en la política. Él, por el contrario, creció en un hogar humilde, conformado por Manuela Ayala de Gaitán y Eliécer Gaitán Otálora.

Su madre fue maestra de escuela y su padre, después de trabajar en diferentes oficios, se dedicó a la venta de libros usados. Jorge Eliécer Gaitán, con su aspecto indígena y piel morena, encarnaba la mejor representación de las diferentes clases sociales del país. Defendía a pulso a las minorías: indígenas, campesinos, trabajadores. En una ocasión, algunos de sus detractores aprovecharon la obsesión de Gaitán por el caviar y el vodka; lo cuestionaron sobre el porqué de dichas predilecciones si era, en verdad, un hábito de la clase alta. Él, jocosamente, a manera de defensa, respondió: “la revolución se hará no para quitarle el caviar a los ricos sino para facilitárselo a todos… suponiendo que les guste”.

Su última victoria, antes del asesinato, la conquistó el 8 de abril de 1948, en horas de la noche, estando en calidad de abogado defensor del teniente Jesús María Cortés, sindicado de haber matado en Manizales al periodista Eudoro Galarza. Este acontecimiento fue de gran trascendencia; el caso se popularizó a tal punto que las personas acudían a las audiencias como si se tratara de alguna pieza teatral. Lo que no sabían era que en uno de los encuentros judiciales estaba presente Fidel Alejandro Castro Ruz, quién sería en años posteriores una de la figuras más relevantes en la historia política de todo el continente.

Fidel Castro se encontraba en la engalanada Bogotá en esos días, la misma que se preparaba para la IX Conferencia Panamericana que le daría origen a la Organización de Estados Americanos (OEA). Castro lideraba un grupo de estudiantes que protestaba en contra del imperialismo norteamericano. Cabe resaltar que Fidel se reunió en el despacho del caudillo liberal invitado por estudiantes bogotanos, expresando asombro por la manera en que Gaitán se dirigía a las masas. En retribución del halago, el líder liberal le obsequió una de las piezas del discurso que promulgó en la Marcha del Silencio y acordaron reunirse de nuevo, paradójicamente, el 9 de abril en horas de la tarde.

Finalmente llegó la hora del fatídico suceso. No había encuestas, pero el pueblo colombiano tenía el presentimiento de que Gaitán sería el próximo Presidente de la República. La oligarquía, temerosa de la gloria gaitanista venidera, usó como chivo expiatorio a Juan Roa Sierra. Antes de convertirse en el autor material del asesinato de Jorge Eliécer Gaitán, Roa tenía gran admiración hacia el caudillo liberal; lo consideraba un segundo Bolívar. Parecía hereditario, su madre, que respondía al nombre de Encarnación, lo consideraba su héroe político. Además, todos los viernes Sierra asistía al entonces teatro Colombia a escuchar atentamente las conferencias que daba Gaitán. Nadie se explica la causa que lo llevó a cometer el asesinato, aunque en algún momento expresó consistentemente: “Gaitán es un culebrero”.

El 9 de abril de 1948, aproximadamente a la 1 de la tarde, supuestamente Sierra desenfundó el arma y apretó el gatillo para propinarle tres impactos de bala al caudillo liberal. Cuando salía de su despacho en el edificio Agustín Nieto para almorzar con varios de sus amigos, nadie imaginaba que serían sus últimos minutos de vida. Hasta el joven Gabriel García Márquez estaba departiendo cerca del lugar del atentado, y en su rol de periodista entrevistó a uno de los testigos oculares del hecho, mismo que aseguró que habían sido tres los sujetos que participaron del atentado; al parecer, el autor material logró escaparse en medio del cólera del momento.

El hecho es que el jefe liberal fue trasladado a la Clínica Central, donde murió a eso de las 2 de la tarde. Juan Roa, víctima de la ira del pueblo, correría con la misma suerte. Minutos después de que tronara el sonido de las balas, fue custodiado por dos miembros de la Policía hasta la droguería Granada para resguardarlo de la enardecida multitud. El intento de salvarlo fracasó. Un grupo de personas se abalanzó contra las rejas del negocio para arrebatándoselo a la Policía y golpearlo con violencia. Su cuerpo fue arrastrado (parecía una procesión). Su destino final no sería la entrada de la iglesia; el trayecto terminó a las afueras del Palacio Presidencial con su cuerpo desnudo y ensangrentado.

En las calles se vociferaba el mensaje fúnebre: “¡mataron a Gaitán!”. La radio se encargó de trasmitir la noticia. Un grupo de intelectuales agitó las aguas por las ondas sonoras para dar inicio al conocido Bogotazo. A causa de la trágica noticia empezó la insurrección; las personas salieron indignadas, la ciudad ardía en distintos puntos, iniciaron los saqueos, cuerpos yacían moribundos en las calles y desde lejos se observaban carros con heridos y difuntos en el capacete. Por si fuera poco, los militares disparaban indiscriminadamente al mínimo movimiento y se enfrentó la población civil, dividida entre liberales y conservadores.

En definitiva, la reyerta del 9 de abril no puede sepultar y consumir el legado de Gaitán. Por el contrario, debemos recordar parte del recorrido que trazó para abrirse camino en la olvidada historia colombiana, como sus intervenciones en el debate de la Masacre de las Bananeras, citada Cien años de Soledad del nobel García Márquez. Así mismo, en su trayectoria política fundó el movimiento político Unión Nacional de Izquierda Revolucionaria, fue elegido en la Cámara de Representantes y ostentó el cargo de Alcalde de Bogotá.

Habría que decir también que implantó el zapato escolar gratuito, los restaurantes escolares, el cine educativo y las bibliotecas ambulantes. Inició el Salón Nacional de Srtistas, difundió el pensamiento social y defendió a cabalidad los proyectos de alfabetización. Todo esto sucedió cuando ejerció el cargo de Ministro de Educación. En otras palabras, lo ocurrido el 9 de abril de 1948, más que un incendio, más que un asesinato, fue un “memoricidio”. Borrando su memoria y el legado de lo que pudo haber sido, la historia quedó en puntos suspensivos…

Referencias

Semana. «Fidel Castro fue protagonista de ‘El Bogotazo’». Fidel Castro fue protagonista de El Bogotazo.

“¿Quién mató a Jorge Eliécer Gaitán?”. Canal Trece.

BBC. “Qué fue el “Bogotazo” que estremeció Colombia hace 70 años y por qué cambió la historia del país.

Comentarios