El siniestro vial ocurrido en la autopista Medellín–Bogotá, a la altura del municipio de Marinilla, dejó como saldo la muerte de dos adultos mayores y una familia sumida en el dolor. Detrás del hecho hay una historia de vida compartida durante décadas, marcada por la unión, la rutina y la fe, que hoy termina de forma abrupta.
En diálogo exclusivo con MiOriente, Elena María Gómez Tamayo, sobrina de Marta Dolly Tamayo, reconstruyó quiénes eran Rodrigo Giraldo y su esposa, más allá de la tragedia que les arrebató la vida.
“Fueron esposos que nunca se separaron. Siempre estuvieron juntos, cogidos de la mano. Así vivieron y así se fueron”, relató.

Rodrigo Giraldo dedicó gran parte de su vida al servicio público. Trabajó en la rama judicial como secretario de juzgado laboral en Medellín y Rionegro, y en varias ocasiones se desempeñó como juez encargado. Tras su jubilación, decidió junto a su esposa iniciar una etapa más tranquila, lejos del ritmo laboral.
“Marta Dolly era una mujer dedicada cien por ciento a su familia. Cuando Rodrigo culminó su etapa laboral, empezaron a disfrutar realmente de estar juntos, sin afanes”, explicó su sobrina.
Después de la pandemia, la pareja se trasladó a una finca cercana a Marinilla, donde consolidaron una vida marcada por la cercanía familiar, la sociabilidad y la espiritualidad. Cada domingo mantenían una rutina inalterable: asistir a la eucaristía de las 7:00 de la mañana en La Dalia.

Ese mismo recorrido habitual emprendieron el día del accidente. Según el testimonio entregado a este medio, Rodrigo y Marta Dolly esperaban el transporte público en la berma de la Autopista Medellín–Bogotá, en un punto visible y adecuado, cuando un vehículo los embistió de manera repentina.
“Ellos estaban bien ubicados. De un momento a otro, un carro los impacta; tanto el vehículo como ellos caen a un hueco, lo que les ocasiona la muerte”, relató Gómez Tamayo.
Las autoridades confirmaron que el conductor involucrado dio positivo en la prueba de alcoholemia, hecho que hoy es materia de investigación judicial. Para la familia, el impacto emocional es profundo y se acompaña de la expectativa de que el caso sea tratado con responsabilidad y rigor.

“Es un dolor muy grande para ambas familias. Uno no espera algo así, y por eso confiamos en que, en este Estado social de derecho, se actúe con la rigurosidad que establecen las normas colombianas”, señaló la sobrina.
Además del duelo personal, la familia expresó su preocupación por la recurrencia de este tipo de hechos en las vías del país. “Es muy doloroso y lamentable que iniciemos el año con tantos siniestros viales, muchos causados por la irresponsabilidad de conductores que creen que pueden manejar en estado de embriaguez”, concluyó.
Mientras avanzan las investigaciones, sus allegados insisten en que este caso no debe reducirse a una cifra más en las estadísticas. Para ellos, se trata de dos vidas que construyeron un proyecto común y cuya historia hoy deja un llamado urgente a la responsabilidad vial y a la justicia.






