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La estrategia para garantizar 50 años de agua en el Oriente y el Valle de Aburrá

  • Con la Estrategia Oriente, EPM busca que la región se adapte a los retos del cambio climático. Se trata de una billonaria inversión en infraestructura en el Valle de San Nicolás.

    Desde el 2014, EPM venía planteando el proyecto Valle de San Nicolás, con el que pretendía intervenir la franja entre el Valle de Aburrá y el altiplano del Oriente antioqueño. Con el paso de los años, algunos cambios regulatorios y un diagnóstico más profundo de la realidad a la que se enfrenta la región, desde 2016 se amplió el enfoque y comenzó a pensarse una ambiciosa estrategia para impactar el suministro de agua en casi una veintena de municipios.

    Santiago Ochoa, vicepresidente de Agua y Saneamiento de EPM, explica que la Estrategia Oriente Antioqueño “nace de reconocer una realidad mundial” sobre la escasez de agua para el consumo humano, a partir de tres problemáticas. Por una parte, el crecimiento acelerado de la población humana con preferencia a asentarse en zonas urbanas, lo que demanda más servicios y más alimentación, incluida agua potable para el consumo. Por otra, el cambio climático, que modifica la forma como se dispone el recurso hídrico, haciendo más largas las sequías y más intensos los periodos de lluvias e inundaciones. Y, tercero, un deterioro en la calidad del agua natural, en el que los procesos de recuperación y conservación de cuencas son mucho más lentos que los de uso y aprovechamiento del recurso.

     

    “Yo he visto morir ríos, pero nunca he visto nacer ríos nuevos”, dice el vicepresidente. Luego, en un lenguaje más técnico, explica que quienes tienen la misión de planear el desarrollo actual y futuro no pueden ignorar el estrés hídrico que genera la combinación de mayor demanda y menor disponibilidad de agua. Este problema ya se está viendo en los municipios del Valle de San Nicolás, que sufren procesos de urbanización acelerada y de concentración de industrias y comercio. “Hoy es más fácil llegar al Oriente que a algunas zonas de Medellín”, dice.

     

    No se trata de pensar solo el Oriente, sino entenderlo como una región integrada al Valle de Aburrá, pues entre el 60 y 70 por ciento del agua que se consume en el área metropolitana proviene del Valle de San Nicolás. Ambos valles “dependen de las mismas fuentes de agua, y eso nos hizo pensar cuál sería la mejor forma de afrontar esta realidad”, explica Ochoa. Entonces, EPM decidió diseñar la forma de generar abundancia para no administrar la escasez.

     

    La estrategia se concentra en siete municipios: El Retiro, Rionegro, La Ceja, Guarne, Marinilla, El Carmen de Viboral y El Santuario, que sumados a los del Valle de Aburrá conforman una ciudad región de 17 localidades. Como “no hay ríos nuevos”, se trata de aprovechar mejor las fuentes que hay sobre todo para evitar la vulnerabilidad de las temporadas secas. La mejor forma de hacerlo, dice el vicepresidente, es almacenando el agua en un embalse que también sirva para contenerla en épocas de invierno.

     

    Pero no es tan sencillo. El desarrollo de la estrategia también se relaciona con la interacción administrativa entre los municipios del Oriente: si se constituyen como área metropolitana u otra figura de integración, el proceso se facilitaría, pues en este momento cada municipio tiene condiciones de prestación de servicio distintas y se requiere una planeación articulada, explica Ochoa. “Esto es para garantizar que a 50 años tengamos agua. El momento de construcción del embalse dependerá del desarrollo urbanístico del oriente, pero que vamos a necesitar un embalse es algo que tenemos absolutamente claro”, dice el vicepresidente. También es claro que no será para generación de energía eléctrica, sino solamente para almacenar agua en red con el embalse La Fe, al cual estaría conectado.

     

    Mientras tanto, EPM viene haciendo inversiones en la región que también hacen parte de la estrategia: mejoramiento y modernización de infraestructura de saneamiento como plantas de tratamiento de aguas residuales, estrategias de conservación de cuencas hídricas, fortalecimiento de la infraestructura de acueducto, plantas de potabilización y sistemas de bombeo, todo con una inversión que durante la próxima década alcanzará los 3 billones de pesos.

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