El bar cambia, de clientes y género musical; permanece intacto el inmueble y el gusto por el consumo de bebidas. Los tangos de Gardel, las populares de Darío Gómez, Las Alondras o los Relicarios; contrastan con los acelerados sonidos acústicos de bandas como Red Hot Chilipeppers o Metallica. El cambio, abrupto, genera un nuevo ambiente y un cúmulo de clientes donde a simple vista salta la sorprendente transformación del sitio de la noche a la mañana.