La culpa no es de la vaca

Pecas, Niña, Julia y Jacinta son cuatro de las 22 vacas que tiene Luis Fernando Botero en El Prado, su finca en el Oriente antioqueño.


Gracias al proyecto Mejoramiento integral de la producción y calidad de la leche en las subregiones Norte y Oriente del departamento de Antioquia, su producción lechera aumentó en más de 170 litros y pronto será certificado en buenas prácticas ganaderas.

Este proyecto de extensión, promovido por la Facultad de Ciencias Agrarias, el Ministerio de Agricultura y Desarrollo Rural, y la Secretaria de Agricultura y Desarrollo Rural de Antioquia, comenzó en el 2012 como una alternativa para que los productores pudieran superar la actual crisis del sector lácteo.

El desconocimiento de buenas prácticas ganaderas, la malnutrición del ganado, y la ausencia de herramientas administrativas en los hatos lecheros, llevaron a los productores a obtener leche de baja calidad, traduciéndose en pérdida de dinero para ellos.

De ahí que, con el fin de mejorar la competitividad de la producción lechera en ambas subregiones, a través de capacitaciones y asistencia técnica a los productores, las entidades gubernamentales y los productores de leche unieron esfuerzos técnicos, científicos y financieros.

Luis Fernando Botero no lo pensó mucho. “Cuando las cosas están mal, es cuando uno tiene que luchar y echar pa’lante. Uno no puede quedarse atrás, debe participar en todas estas cosas nuevas porque de lo contrario, nos quedamos sin el sustento”, expresó.

Según el Instituto Colombiano Agropecuario –ICA–, para solucionar los problemas que desde el punto de vista productivo y económico enfrenta el sector lácteo, es necesario comenzar por producir leche inocua y de calidad. Por ende, es fundamental que las vacas estén completamente sanas y que se realice un ordeño higiénico.

Un estudio sobre prevalencia de mastitis bovina, realizado por la Facultad de Ciencias Agrarias en 51 fincas lecheras, evidenció que en el 49 por ciento de los hatos de esas subregiones había presencia de esta enfermedad, que convierte a la leche en un producto no apto para consumo humano.

“Antes de comenzar el proyecto no hacíamos siquiera chequeo de mastitis y los resultados de las pruebas de laboratorio salían malísimos. Trabajábamos la leche a la verraca, sin ser conscientes de que este es un producto que consume tanto un niño pequeñito como un adulto”, relató el campesino.

En el acopio de leche de Unilac, Luis Botero vende la leche que sus vacas producen. Esta cooperativa busca activar el desarrollo industrial del sector lácteo y paga las bonificaciones por calidad establecidas en el sistema de pago de leche al productor.

A pesar de esto, antes de ser beneficiario del proyecto, Luis Fernando no recibía dichas bonificaciones. “Como no tenía tanque de frío los resultados de los exámenes de laboratorio no eran muy buenos, pero luego de que comenzó con el proceso de certificación en buenas prácticas ganaderas, la finca El Prado se convirtió en un modelo ejemplar”, afirmó Efigenia Pérez Toro, administradora y jefe de calidad de Unilac.

Por ello, él no se arrepiente de haberse dirigido al banco a pedir un préstamo de 16 millones de pesos para comprar el tanque de frío, que le permitiera enfriar la leche por debajo de seis grados centígrados.

La alimentación del ganado también es de vital importancia a la hora de aumentar la producción lechera. Estudios realizados por la Universidad de Antioquia y la Secretaría de Agricultura departamental, han encontrado que menos del 10 por ciento de los productores realiza análisis periódicos de suelos como base para los planes de fertilización.

Con la implementación de ensilajes, el mejoramiento en la calidad de los forrajes y la renovación de praderas, los ingresos de Luis Fernando aumentaron considerablemente. “Antes sembraba kikuyo y después de los análisis de suelos, raigrás. Desde eso aumentó la producción de leche. Antes el hato lechero daba, si mucho, 30 litros, ahora da más de los 200 litros”.

El proyecto hace un abordaje integral. “Incluye el mejoramiento de la nutrición a través de la implementación de ensilajes y de la oferta forrajera; la implementación de buenas prácticas ganaderas; la evaluación nutricional; empresarización de la producción láctea y un programa de capacitación y asistencia técnica” aseveró la zootecnista Ana Cristina Herrera, coordinadora administrativa del proyecto.

Luis Fernando Botero sonríe cuando se le pregunta por los beneficios que ha obtenido. Entre risas dice que “antes la finca estaba acabada, el ganado se iba era a morir de hambre; ahora se está perdiendo es el pasto porque falta ganado”.

Siempre lleva en sus manos una cartilla ilustrada, elaborada por la Facultad de Ciencias Agrarias, que se titulaBuenas Prácticas Ganaderas y entre sus planes está terminar de pagar el tanque para comprar una máquina de ordeño.

Todas las mañanas se levanta, se baña, ordeña las vacas en compañía de sus tres hijos, desayuna con chocolate y cuajada, y se dirige a su tienda donde pasa el resto del día. “Yo estoy muy orgulloso. Ya cuando la gente venga acá, le voy a decir que aquí se vende leche y cuajada de calidad y, próximamente, queso-crema”.

Por: Jeny Paola Montoya. Practicante de Comunicación Social Periodismo

       Vicerrectoría de Extensión de la Universidad de Antioquia

 

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