Hace 15 años en San Carlos lloraban a siete muertos

Foto: Investigación Centro Nacional de Memoria Histórica

Hace 15 años, un 10 de julio, en San Carlos lloraban a siete muertos. Eran las víctimas de la última masacre registrada, al menos bajo esa categoría, de las 33 ocurridas entre 1994 y 2004. 15 julios después el Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH) volvió a esa época teñida de sangre con la publicación de un artículo titulado Las 33 masacres que devastaron a San Carlos.

Y lo hizo no precisamente para recordar -como quien simplemente pone el dedo en la llaga- las ausencias siempre presentes que dejó el conflicto armado en la región, sino para invitar a conocer la investigación desarrollada por el mismo CNMH que tiene por nombre San Carlos, memorias del éxodo en la guerra.

Volver sobre las heridas siempre sangrantes de la guerra permite dimensionar lo absurdo del conflicto. Por ejemplo, entre los datos citados por el CNMH referente a San Carlos, se encuentran números escalofriantes:

Los sancarlitanos fueron víctimas de 33 masacres, que dejaron 205 muertos. De esas, 23 fueron cometidas por paramilitares, 6 por las Farc y las demás por grupos sin identificar. Además, en ese mismo periodo, hubo 126 víctimas de asesinatos selectivos, 156 de desapariciones forzadas y 78 de minas antipersonal.

Después de casi tres años de total abandono, el corregimiento Samaná, en San Carlos, volvió a ser habitado a principios de 2004. Cinco meses después, cuando unos pocos decidieron regresar, estaban llorando a siete. El miedo forzó a desplazarse a 413 personas nuevamente.

“Se llevaron a todos los hombres, a las mujeres no. Y dijeron que si nos poníamos a hacer mucho escándalo nos mataban a todos por parejo. Pero mataron fue a los hombres porque estaban cultivando, estaban trabajando en las tierras”, le contó una mujer al Centro Nacional durante la investigación del informe.

Aunque la situación es diferente, no solo el Oriente, sino el país entero, vive una época que no termina de comprenderse del todo: el posconflicto. Y es ahí justamente donde volver sobre el pasado cobra un sentido diferente para entender que la guerra queda reducida a números fríos y a vacíos tan intensos que son casi palpables. Es ahí donde revisiones como las del Centro Nacional de Memoria Histórica son trascendentales para entender la grandeza de la paz.

Comentarios