La meseta castellana: no solo de pan vive el hombre

La meseta castellana extiende interminables campos sembrados de trigo. Bastan pocos kilómetros para acostumbrar a la vista a este desierto de plantas que reverdecen en la joven primavera que recorremos.

Contra las pocas colinas se arrinconan los pueblos viejos, de piedra y madera. Las autopistas aceleran el paso de los vehículos pero hacen lento el camino del peregrino.

No hace falta mirar hacia atrás: es lo mismo que vemos al frente. Apenas el viento del norte, su fuerza, el frío que trae, nos recuerda que vamos viajando por la meseta castellana. Solo el relato cervantino de El Quijote salva a este mundo. ¡Con razón es la novela de la utopía!

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