Yo le entregaría el país a Petro

Habrá que decir, antes de escribir disparates y por respeto a los lectores, que en esta columna estoy desempolvando mis opiniones, guardadas desde hace meses por asuntos de fuerza mayor.

Para empezar quisiera destruir algunos imaginarios del lenguaje; eso de entregarle el país a las FARC, al mamerto de Petro, a De La Calle o a cualquiera que se les parezca, es lo mismo que entregárselo a la oligarquía colombiana, cosa ya resuelta desde hace 200 años cuando la ignorancia y la pobreza se lo regalaron.

Ahora bien. Basado en argumentos de forma, no de fondo, quiero manifestar que yo le entregaría la presidencia a Petro, y junto a ella el solio de Bolívar y el honor de salir en las carátulas de las revistas amarillistas. Aunque pensándolo bien, ¿puede afirmarse que el país puede ser entregado a Petro sabiendo que ya le pertenece a los oligarcas, terratenientes y, como si no bastara con ello, a los actores internacionales?

Aunque yo voté por Petro, porque tengo la certeza de que no hará gran cosa o al menos no las reformas que requiere el país para dejar de ser un Estado fallido, entre otras cosas, porque esas reformas no dependen de él, sí me preocupa su capacidad de gobernabilidad, o mejor, el qué tanto le permitirán moverse.

Un escenario probable es que al cabo de seis o nueve meses le estén complotando (perdón por el anglicismo) un golpe de Estado por parte de fuerzas oscuras como Uribe, Pastrana, Roy “el lagarto” Barreras, Santos o De La Calle, por poner nombres propios.

Pero también estarán detrás del escenario los banqueros o terratenientes, lo que hundiría más al país en cuanto a los préstamos internacionales, calificaciones financieras, cooperación, participación en organismos, acuerdos e inversión extranjera. Sí, leyó bien; con Petro igual habrá inversión extranjera, así él la deteste.

Estando así las cosas, reafirmo mis ganas de entregarle el país a Petro porque esa sería la única forma de quitarle el discurso monótono a la élite colombiana de que el fantasma comunista está vivo y de paso a la horda de ignorantes y perezosos que los votan cada cuatro años.

Reitero; le entregaría el país a Petro aun reconociendo que De La Calle es lo único que le queda al Partido Liberal en aspiración real de poder, pues tiene más carisma y gracia una efigie que Juan Fernando Cristo o la arcaica de Vivian Morales; y del otro lado, porque aquel partido de papel creado por las FARC no moja ni la prensa regional, no pauta ni en Radio Cristal.

Por cierto, y ligado a esto último, estamos frente a una buena jugada de la oligarquía: la aplicación de lo que en política juiciosa llamamos “cooptación de la estructura política”. Como no se pudo vencer en el campo de batalla a las guerrillas -no señor Uribe, no se puede, ni se podía-, se intenta vencerla en la arena política -y vaya que lo están logrando-, aunque a costa de nuestros impuestos y del fatigado presupuesto nacional ya saqueado por los corruptos y sus familias… ¡Ahh, que lindos nepotismos!

En fin. Luego de compartir mi opinión con los lectores de este portal, insto pedagógicamente a votar por lo que resulte entre Petro, De La Calle y Fajardo -fe de erratas: no me hago responsable si este último brinca por todo el espectro político para ser presidente; no me produce confianza, pero tiene criterio como alternativa y no sería fácil de manipular por personas como Uribe-.

Hay que darle una oportunidad a las alternativas, a la izquierda o al centro, si es que eso existe en su diccionario. Dele la oportunidad al país de conocer otros horizontes y formas de hacer las cosas, pues algo podremos sacar de esa experiencia. Créame que no será peor de lo que ya hemos vivido durante 200 años. Y si no les gusta, pues lo revocan o en cuatro años vuelven y votan por los Uribe, Vargas, Quintero, Ospina y toda su escuela de malos administradores y gobernadores.

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