Trilogía

uelve otra vez José Carlos con su cargamento de sueños cristalizados en bellos relatos, a hacer las delicias de los lectores. Ya era tiempo de que viera la luz otra madeja de sus historias encantadoras. Y digo encantadoras, porque tienen la rara cualidad de transformar las cosas triviales de la vida cotidiana en una explosión de ideas, de vivencias y, sobre todo, de emociones, que estaban sepultadas en el pasado, y que reviven al toque de su imaginación, de su buen humor y de su indeclinable amor por las letras y su oficio de escritor.

Vuelve nuestro escritor con su tradicional buen humor, su gracia y sencillez en la expresión, a hacer obras de arte de las minucias de la vida parroquial, a convertir en oro la materia vulgar del relato, la experiencia, la opinión. Sólo un hombre del espíritu de José Carlos es capaz de desentrañar del suceso, del recuerdo, de lo observado, de lo escuchado, de lo vivido, todo un mundo que se vuelve hermosa fantasía en la mente de los lectores.

Si el escritor es, como se ha dicho, el notario de los sueños, los sentimientos y las esperanzas de la humanidad, de buen notario no carece Granada, que tiene en José Carlos al amanuense capaz y siempre alerta para extraer del colectivo popular, de la memoria de sus amigos, de las experiencias de la niñez propias y ajenas, las más instructivas y, a veces, disparatadas y divertidas historias de pícaros y santos, de ignorantes y sabios, de esforzados y vagabundos, de honrados y embaucadores; y, en fin, de toda clase de personajes y situaciones, que al pasar por su pluma, se convierten en hechizantes relatos que explosionan en la mente del lector y lo llevan a mundo mágico de realidad y fantasía.

Encomiar la obra de José Carlos no es tarea fácil, porque es encomiar también la obra de nuestras gentes heróicas. Quiero darle la palabra nuestro preclaro cultor de las letras, a Don Enrique Pérez Rivas, quien con acertadas palabras nos habla del autor como ser humano y como escritor cuando se refiere a sus dos anteriores libros.

“Se trata, como ya se dijo, de un granadino de gran cepa; escribió y publicó la primera edición de su libro Granada Paisa, por allá en el año 2000 con una magnífica y próspera distribución y venta de la edición; hoy ya ésta se encuentra agotada, pero en la memoria de todos los granadinos, de antioqueños, de mucha parte de colombianos y hasta de representantes de colonias colombianas con sede en el exterior, revolean, como pequeños colibríes, términos humorísticos de la cultura granadina, frases hilarantes del decir paisa, párrafos amasados con la harina picaresca que se cuece en todo el pueblo granadino, capítulos armados en cadena que, por lo menos, hacen sonreír, y páginas enteras cosidas con el fino hilo, que induce a reír y también que hace brotar la carcajada, y para muchos, reír de modo intelectual, no en puridad de modo mecánico, pero colgados de relatos suaves, amenos, salpicados de enseñadoras ironías, embadurnados de acarameladas dosis de ternura, a veces, rociados con cucharaditas de ají pique.

“… En “Granada Paisa en su 1° y 2° volúmenes de José Carlos Tamayo Giraldo, el lector llega a sanarse de sus ansiedades, aunque sea por cierto tiempo; y, así mismo, llega a sanarse del estrés así sea de modo momentáneo, y también de penosas obligaciones, desencuentros y compromisos cotidianos. Con el correr de cierto tiempo el asiduo lector llega a vivir en un mundo alejado de la realidad donde toda dificultad queda solucionada. Este material de lectura aparece desmembrado de las esperanzas y zozobras como boquete de escapes individuales y por ello opera como lenitivo que brinda tranquilidad en el espíritu”.
Sería suficiente releer y analizar las palabras de nuestro preclaro Don Enrique para conocer lo que es la obra del autor de Granada Paisa. No obstante, quiero escribir algunas otras ideas que inevitablemente vienen a la cabeza al abordar su trabajo:

Basta leer algunos de los escritos que hoy pone José Carlos a nuestros ojos, para saber que la historia contada como lo hace él, es otra historia; que el chiste salido de su mente y de su ingenio, es otro cuento; que la anécdota narrada por él es una mágica concatenación de frases que nos llevan a un imaginar más amplio y significativo de nuestra existencia. El relato con sabor a café de pueblo, a calle aldeana, a paisaje agreste, a casa campesina, nos pasea por el alma de nuestra raza, al origen de lo que somos y a la promesa de lo que seremos. Granada Paisa no es sólo una obra de José Carlos, es una obra de la entraña Granadina; no es sólo cobra de un soñador, es la exaltación del modo de ser, del modo de pensar, del modo de interpretar el mundo de las gentes de Granada.

No se piense, sin embargo, que la tarea de José Carlos como escritor sea labor fácil. Se necesitan talento, aguda observación, minucioso discernimiento, empeño constante y entrega incondicional al ideal, para sacar adelante una obra. Por mis propias experiencias como escritor muchas veces se me ha ocurrido pensar que escribir y publicar un libro es como concebir, dar a luz, criar y sacar adelante a un majadero. En el día vivimos íntegramente para él; y he aquí al escritor sentado en la cama poniéndole el pecho con la libreta de notas y el lápiz en la mano, o sentado frente a la máquina de escribir o el ordenador. Cuando, por fin, está íntegro y bien formado, deberá el padre agenciarse entre los amigos o en alguna institución afecta a esta clase de párvulos los recursos suficientes para llevarlo al kínder, ponerlo en la escuela de la vida, adecentarlo y vestirlo con una bonita carátula y presentarlo en sociedad de la mejor manera. Sólo la calidad del interés que se pone en este empeño, hace perseverar al autor, que no puede esperar de su hijo más que el gusto y la emoción que le produce darle sus cuidados, y la emoción de los lectores, paga sin igual del escritor.

El sábado 18 de septiembre en un evento que lideró el Centro de historia de Granada, fue exaltada la labor literaria de José Carlos Tamayo. En un sencillo pero hermoso acto las instituciones del pueblo reconocieron la capacidad, la constancia y entrega del autor a la escritura. La Revista Granada dedicó un artículo a este acto en que se honró también la obra poética de Tomás Giraldo Gómez, pariente del autor. En él decía el columnista: “Surge la pregunta, José Carlos: ¿Cuándo Granada Paisa 3? Porque tiene mucha madeja para desenredar y mucha carreta para empujar”. Pues aquí está: GRANADA PAISA 3. A leerla, a disfrutarla. A deleitarse, entonces, de las ocurrencias de este mucharejo divertido, que hoy recibe de su padre José Carlos licencia para salir a la calle y entrar a todos los rincones de nuestra aldea querida de bareque, piedra y sueños.

Por: Gildardo Tamayo gildardotg@gmail.com

 

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