Los siete pecados capitales de la corrupción

Los honorables políticos, así como las empresas públicas y privadas de nuestro país, le están vendiendo su alma al diablo para conseguir más centavos que acrecienten sus arcas. Jactándose de su fortuna, cometen los siete pecados capitales con los que desde este mundo aseguran su cupo en el universo de Dante:

  1. LUJURIA (Odebrecht 11,1 millones de USD): estos personajes observan con morbo voyerista las campañas electorales que se acercan, seduciendo al elector con trampas y triquiñuelas que después niegan. Esta excitación va acompañada de sobornos de grandiosas cuantías, que después cobran en especies por varias generaciones. Es tal el desborde de dinero, que solo la mermelada de Odebrecht ya redondea los 11 millones de dólares.
  1. PEREZA (Silla vacía y partidos políticos): estos desalmados seguramente esperan con ansias el Día Mundial de la Pereza en Itagüí. Deben sentirse como pez en el agua, por razones tan sencillas como la inasistencia a los debates del Congreso, o la pereza para justificar los comprobantes de egreso de las obras públicas. Pero no con esa misma pereza reclaman los cheques mensuales por conceptos de salarios, viáticos y demás. Con la corrupción, lo que están logrando es que el pueblo los aborrezca y todo parece indicar que el gobierno ya lo presiente. Lo digo porque en varias oportunidades se ha propuesto sacar adelante el proyecto de ley del voto obligatorio, con lo que lograrían puestos en el Senado y demás cargos públicos con la mitad del trabajo de los partidos políticos, procurando el mayor número de curules, pero no para ayudar al prójimo, sino impulsados a pelear por los presupuestos y las dadivas que generan la firma de contratos.
  1. GULA (Hambruna en La Guajira): No se sacian fácilmente estos pecadores. Parecen hienas cazando cualquier proyecto de obras públicas que huelen en Bogotá, Yopal o Riohacha. Se sientan en la mesa cual comensal, disfrazados de inversionistas, o contratistas para pujar por las licitaciones. Así sacan su tajada, atragantándose del dinero que acumulan y profesando que al final de sus días lo podrán ofrecer al dios Osiris, creyendo que amontonando riqueza compran un mejor puesto en el paraíso. Este pecado inevitablemente me transporta a La Guajira. En esa hermosa región abunda totalmente lo contrario a este pecado, la hambruna no tiene nombre ni cifras. Los exgobernadores de La Guajira deberían ser condenados por crímenes de lesa humanidad.
  1. IRA (Venta de ISAGEN, $6.5 billones de pesos): No les gusta salir en las noticias, odian las acusaciones, y desmienten cualquier afirmación hecha por el Fiscal General de la Nación, el Procurador o el Contralor, pareciera que estos están vetados para opinar sobre la corrupción. Cuando una autoridad destapa una olla podrida hay algo en común; si recuerdan bien, las opiniones cuando les preguntan sobre un caso en particular, todos, absolutamente todos desconocen a rabiar el tema y curiosamente nunca han sido amigos, ni siquiera conocidos del que está en el bunker de la Fiscalía. Esto mismo pasó cuando el senador Jorge Robledo acusó de ilegal la venta de ISAGEN, argumentando que la subasta con un solo ponente no cumplió con los requisitos para realizar la venta de manera correcta. Pero ningún ministerio hace frente a las acusaciones, podría decirse entonces que ese dinero que supuestamente era para construir las carreteras de cuarta generación, está en bolsillos de los políticos y de Odebrecht. Un círculo vicioso.
  1. ENVIDIA (Reficar $17 billones de pesos): si la fe mueve montañas, la envidia es capaz de derrumbarlas, Reficar es muestra de ello. El ser humano no es capaz de ver una oportunidad para robar y dejarla pasar. En la costa es evidente la pereza política y judicial para velar por las finanzas públicas. Billones de pesos derrochados en una obra que está valorada en menos del 10% del valor de las pérdidas son muestra de ello. Decenas de empleados públicos, incluidos ministros y exministros, están en la baraja de los cabecillas de cuello blanco, cerebros de toda la maquinaria que perpetró tal desfalco. Apenas están descifrando quiénes fueron los avaros que se quedaron con esos 17 billones de pesos.
  1. AVARICIA (InterBolsa $300.000 millones de pesos): este debió ser el primero, y para todos los casos de corrupción aplica, puesto que es el sentimiento que los motiva a corromper las finanzas públicas. Todos estarán de acuerdo en que el mensaje es muy diciente en este punto, solo basta con ver las haciendas con vista al mar o en los llanos, las cabezas de ganado, las lujosos apartamentos en Colombia y en el extranjero, las empresas ficticias en Panamá, y el monto de dinero manejado en las transacciones corruptas para tachar de increíble el derroche de dinero para conseguir poder.
  1. ORGULLO (SaludCoop $1,4 billones de pesos): el presidente orgulloso sale en sus alocuciones, gritando a los siete vientos que Colombia tiene el tercer puesto a nivel mundial en salud, catalogado como un país con un excelente sistema en este campo, y que es ejemplo para la región y el mundo. Sólo los que estamos acá adentro conocemos la verdad, no en cifras sino vívidamente, haciendo filas eternas para una autorización, esperando meses para una consulta médica y entutelando al Estado para que las EPS cubran las enfermedades de alto costo. A causa de esta corrupción, hay cierre hospitales, nominas retrasadas y despidos masivos. Ni qué hablar de las muertes ocasionadas por la mala administración del sistema. Si el dato de la inflación esta maquillado, ese tercer puesto a nivel mundial es una payasada.

A manera de conclusión y reflexión, tomado del periódico El Tiempo, se estima que Colombia pierde anualmente 50 billones de pesos por culpa de la corrupción; aproximadamente la cuarta parte del presupuesto anual de la Nación se queda en bolsillos ajenos. Es por eso que yo me pregunto, ¿qué sucede con la corrupción en nuestro país?, o más bien, ¿qué sucede con la honestidad y los valores de nuestros líderes?

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