El desafío en la lucha contra el virus

El cambio generalizado en el discurso de los líderes de diferentes países en todo el mundo respecto al Coronavirus ha sido una realidad inminente en las últimas semanas. ¿La razón principal? El crecimiento acelerado en el número de infectados y de las vidas que se han perdido. En el caso de Alemania, país desde el cual redacto este articulo de opinión, se pasó de ver el cierre de las fronteras como una opción poco viable para mitigar el riesgo, a una acción en la cual muchas de sus fronteras fueron cerradas.

El interrogante aquí debe darse respecto a la preparación de países como el nuestro para enfrentar una posible crisis hospitalaria y qué acciones se debería seguir. La mayor apuesta de todas las estrategias debería estar dirigida a la lucha contra el tiempo para evitar que la situación se convierta en una catástrofe. Algunos países como España (al martes 16 de marzo) han procedido con estrategias tales como cierre de bares y restaurantes, la prohibición de salir de las casas excepto por razones como compras de alimentos, compras de medicamentos, asistencias a hospitales o trabajo.

Francia, por su parte, además de adoptar algunas medidas similares a las de España, al principio fue un poco más lenta en la aplicación de estas pero ya está adelantando un proceso riguroso al respecto. En el caso de países como Estados Unidos, Inglaterra, Suiza y Holanda, fue declarado el Estado de Emergencia, pero sus estrategias han estado más enfocadas a la mitigación, no imponiendo criterios por sus mandatarios, sino más bien a manera de recomendación, lo cual podría tener serias consecuencias en la lucha contra la epidemia.

El no hacer nada implicaría que toda la población colombiana se infecte y, si tomáramos un dato de mortalidad de un país como Estados Unidos para el Coronavirus, según Pueyo (2020), con un sistema de salud mejor que el nuestro, estaríamos hablando de la probabilidad de que 1.5 millones de colombianos morirían. O en el mejor de los casos, si solo el 25% de la población se infectara, es decir unos 12.5 millones de colombianos sobre una base de 50 millones, significaría unas 380 mil vidas perdidas.

Ahora bien, si la tasa de mortalidad no fuese de un 3.05%, sino de un 0.6% como se espera en los países con los panoramas mas alentadores, sobre un 25% de la población infectada el total de muertes ascenderían a 75 mil.

La pregunta que cada uno de nosotros podría hacerse tiene que ver sobre la capacidad que tiene el país, los municipios del Oriente Antioqueño y Rionegro en particular para recibir pacientes en hospitalización, y más aún, el número de camas en cuidados intensivos. Según José Fernando Hoyos y Guillermo Franco, en su columna en el diario La República, el país en promedio cuenta en la actualidad con 11.2 camas en cuidados intensivos por cada 100.000 habitantes vs 29.2 en países como Alemania que prevén un colapso en su sistema de salud si el virus llegase a afectar su población como en los casos de España e Italia.

De igual manera, como lo manifestaba Nelson Carmona Lopera, actual alcalde de La Ceja, los equipos de respiración asistida son fundamentales para asistir a los pacientes que se agravan en la hospitalización, y la falta de estos en países como China, Irán e Italia han causado ya miles de muertos, con la gran diferencia de que en China, en la provincia de Hubei, la tasa de fatalidad es mucho menor debido a su capacidad de construir hospitales de manera acelerada, capacidad de la que nuestro país carece.

La mitigación de riesgo incluye distanciamiento social por un periodo de tiempo, pero normalmente considera dos efectos: el primero es que, si bien se mitiga la propagación, esta se presentara de alguna manera y por ende terminara con algunas vidas; el segundo efecto parte del supuesto de que después de que pase el famoso pico de infección, la población será inmune a la enfermedad, lo cual no es cierto ya que el virus como tal evoluciona, y este pico podría darse en un futuro de una manera más potente (Pueyo, 2020).

En resumen, esta estrategia asumirá de igual manera miles de muertes, además de que parte de un supuesto según el cual se espera que el virus no cambie demasiado. Esto podría generar que la enfermedad regrese con el tiempo, mucho mas fortalecida y, peor aún, con mayor letalidad. La supresión, por su parte, busca mediante estrategias rígidas tratar de controlar el crecimiento y expansión de la epidemia con medidas de distanciamiento social severas para ir retornando poco a poco a la vida ordinaria.

El cierre y aislamiento duraría meses, posiblemente la economía se vería muy afectada. Según un estudio del Imperial College London, el problema no estaría resuelto y la explosión epidémica simplemente se pospondrá. Ahora bien, si ambas estrategias no parecen dar una solución al problema, ¿que ganamos? La respuesta es: tiempo. Países como Alemania están tratando de ganar tiempo mediante la minimización de la propagación, para implementar medidas en sus hospitales que les permita incrementar la capacidad para atender pacientes en la medida que se desacelera la tasa de contagios.

Lo mas importante es estar preparados para poder generar pruebas a pacientes sobre el virus que en realidad generen datos estadísticos sobre el número de contagiados, poder rastrear los focos y tratar a aquellos que están en riesgo. La DW se pronunció el día de ayer sobre el caso colombiano, catalogando al gobierno nacional de inepto y carente de coordinación con los gobiernos departamentales y municipales. Por eso aplaudo en este artículo la iniciativa de los alcaldes del Oriente Antioqueño, y considero que estas mismas medidas deberían volverse más severas. Ganar tiempo ayudará a los gobiernos locales a adquirir más equipos para afrontar las futuras olas de la epidemia, y evitar el colapso de los centros de atención hospitalaria.

Así pues, el llamado a los rionegreros es a tomarse en serio una situación que en otros lugares del mundo se ha tornado drástica, y que en países como Italia, al viernes 20 de marzo, ya ha tomado más de 600 vidas en solo 24 horas. A los gobernantes: seguir su lucha por proteger la vida de los ciudadanos que representan.

Ganar tiempo es fundamental; campañas de educación en cuanto a salubridad entre la población deben ser realizadas y apoyar a quienes están trabajando para desarrollar tratamientos y vacunas. Y en el caso de iniciativas como la de la Universidad de Antioquia y la Universidad Nacional para desarrollo de equipos que buscan fortalecer el sistema hospitalario, brindar el mayor soporte posible.

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