Capitán Rojas, eso sí es una vivienda

Por: Juan Hernando Ramírez Quintero

De los pobres sabemos todo: en qué no trabajan, qué no comen, cuánto no pesan, cuánto no miden, qué no tienen, qué no piensan, qué no votan, qué no creen…
Solo nos falta saber por qué los pobres son pobres. ¿Será porque su desnudez nos viste y su hambre nos da de comer?” Eduardo Galeano.

 

“Porque no podemos hablar de una vivienda, son un cúmulo de elementos, madera, sillones que se encuentran en el lugar” expresó el Coronel Rojas ante la tragedia sucedida el pasado lunes 22 de enero, en donde se le prendió fuego al lugar que habitaba “El Costeño”, en el sector la “Chirria”, como si por vivienda solo se entendiera una construcción amoblada y lujosa, en la cual existe todo tipo de comodidad para quien la ocupa. Coronel Rojas, permítame corregirle, porque no solo es una vivienda, sino que también es un hogar, ¿no se da cuenta que falleció un canino de cuatro meses que vivía con él? El que quizás era su más fiel compañía y que, por ende, crea un vínculo familiar.

A estas palabras de indiferencia, se suma también la sospecha que se tiene frente los actores de lo ocurrido, pues los testimonios de los vecinos del sector, giran ante la idea de que esto fue causado por uniformados de la Policía Nacional.

No olvidemos que aquellos a quienes llamamos habitantes de calle, están allí en muchos casos por culpa de una sociedad que excluye, rechaza y mira con indiferencia a todo lo que no se adapta al normal desarrollo de la sociedad, quizá porque en su diario vivir nunca tuvieron las oportunidades que nosotros tuvimos o porque en un momento difícil de la vida no hubo una mano amiga que brindara la fuerza para ayudar en aquellos instantes en los cuales sentimos que nos perdemos. Bien lo dijo Byung Chul-Han: “Estamos en la proliferación de lo igual”, y todo lo que al parecer afecte lo que debe ser, se soluciona eliminándolo. Ahora pregunto: ¿por qué en vez de intentar descartar y suprimir, no se buscan medidas de inclusión social con el fin de readaptar?  O mejor dicho, ¿dónde está la Alcaldía en estos casos? ¿Justificándose al invertir en los sectores privilegiados de Rionegro? ¿Y dónde quedan los desposeídos?

 Con esto hago un llamado directo a las organizaciones políticas, para que hechos como estos no se vuelvan a repetir y que además no queden impunes, pues de lo contrario esto no solo amplía la sospecha frente los actores, sino que también reafirma las palabras de muchos seres humanos: “vivimos en una sociedad enferma” que solo se preocupa por los seres humanos que se encuentran al corriente social y civil, pero que se olvida de quienes no benefician al sistema.

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