La corona de la discordia: ¿qué diría Córdova?

Foto: Corona de José María Córdova.

En el Museo de Arte Religioso de Rionegro permanece resguardada, desde hace 20 años, la famosa corona de José María Córdova. Si bien muchos ignoran su enorme valor histórico, esa guirnalda de hojas de laurel y palma elaborada en oro con gusanillos y rosetas en diamantes, y a propósito fabricada por artesanos incas en alegoría a las coronas con que en Roma coronaban a los césares, es hoy motivo de división.

Un poco de historia

Inicialmente la corona fue elaborada en honor y reconocimiento a Simón Bolívar por la heroica lucha que libró durante su vida para lograr la emancipación hispanoamericana del Imperio Español, en especial por los méritos alcanzados en las Campañas del Sur entre 1821 y 1826, batallas decisivas para la independencia de las actuales repúblicas de Ecuador, Perú y Bolivia.

No obstante, juzgándose indigno de recibirla, Simón Bolívar se valió de la intermediación de Antonio José de Sucre para que fuera entregada al Héroe de Ayacucho, José María Córdova, por su fiel desempeño en la Batalla de Ayacucho, la última gran campaña terrestre que marcó el fin del dominio español en América del Sur.

En un gesto de similar humildad, José María Córdova donó la corona a la municipalidad de Rionegro, y desde entonces pasó a estar bajo el cuidado de familias prestantes y ciudadanos ilustres. Así fue hasta 1883, cuando tuvo lugar la fundación del Banco de Oriente, el único banco creado en Rionegro, mismo que asumió la responsabilidad de resguardar y exponer en una urna aquel tesoro de incalculable valor histórico.

Fue en 1964 cuando el Banco de Oriente cambió de persona jurídica, pasando a denominarse como Banco Comercial Antioqueño (Bancoquia), exceptuando la sede de Rionegro que conservó el mismo nombre. Entonces, ya en 1999, el Banco Santander adquirió las acciones de Bancoquia y le dio un nuevo rumbo a los bienes históricos, entre ellos la corona, que estaban bajo su cuidado.

Lo cierto es que el 26 de octubre de ese año, el Gerente del Banco Santander le entregó al entonces alcalde de Rionegro, Hugo Castaño, diversos elementos históricos que se encontraban bajo su custodia. Para ello se suscribió un acta de entrega y se realizó una valoración del estado de las piezas por parte de expertos y peritos que, de hecho, plasmaron un informe detallado anexo al acta de entrega.

Todos aquellos elementos históricos fueron entregados en calidad de protección y cuidado al señor Álvaro Arteaga Valencia, director del Museo de Arte Religioso de la Catedral de San Nicolás el Magno, para ser depositados en cajas de seguridad por parte del Alcalde, órganos de vigilancia y control, y demás personalidades municipales.

El porqué de las diferencias

En los últimos días, el alcalde de Rionegro, Andrés Julián Rendón, manifestó públicamente su intención de trasladar la corona de Córdova del Museo de Arte Religioso, donde ha permanecido guardada durante las últimas dos décadas, al nuevo Museo de Arte de Rionegro (MAR) ubicado en los bajos de la Plaza de la Libertad.

La iniciativa del mandatario local generó de inmediato una polémica sobre la que, es notorio, cada sector de la sociedad ha comenzado a opinar. La bien o mal llamada opinión pública está dividida: hay quienes sugieren que la corona debería permanecer el Museo de Arte Religioso, donde puede ser visitada de lunes a jueves a las 3 p.m.; otros, por el contrario, desean que sea trasladada al MAR para que los ciudadanos puedan apreciarla en todo momento.

Así, en medio de las diferencias de opinión, el 26 de julio de este año la Secretaría de Servicios Administrativos realizó un inventario de valoración y peritaje de los elementos históricos del municipio de Rionegro que reposan en la Concatedral, con el acompañamiento un perito experto en inventarios valorativos y un joyero.

¿Cuál fue la voluntad de Córdova?

Aunque, según fuentes consultadas por este medio, la carta original con la que Córdova donó la corona desapareció con los años, pero las disposiciones de la misma, que señalan que la guirnalda de oro y diamantes debía estar bajo el cuidado de la municipalidad de Rionegro, fueron siempre de conocimiento público.

Ese es el argumento que enarbola el Alcalde de Rionegro para sustentar su intención de trasladar la corona al MAR. “Queremos llevarla a un sitio donde pueda ser apreciada por propios y extraños, y no que siga hoy bajo la discreción y la disponibilidad de cuando se abra el Museo de Arte Religioso que posee infortunadamente unos horarios bastante restringidos”, dijo a este medio Andrés Julián Rendón.

Según el Alcalde, la Administración Municipal está en la disposición de disponer todas las medidas de seguridad que sean necesarias para proteger el que, sin duda alguna, es uno de los tesoros patrimoniales más importantes con los que cuenta Colombia, máxime en un momento en que todo el país celebra los 200 años de la Batalla de Boyacá. Incluso, la Alcaldía afirmó disponer de cámaras de seguridad ya instaladas, vigilancia armada las 24 horas y una urna de seguridad con blindaje para proteger la corona.

“Le hemos pedido al General Nicacio Martínez, comandante del Ejército Nacional, que nos ayude a mantener permanentemente una guardia de honor para que la corona pueda ser apreciada en toda su dimensión histórica como nosotros hemos querido”, agregó el mandatario.

Pero la opinión de Álvaro Arteaga Valencia, director del Museo de Arte Religioso de la Catedral de San Nicolás el Magno, es distinta. Para él, el sitio propicio para resguardar la corona es el Museo de Arte Religioso, “porque aquí se firmó la primera Constitución de Antioquia y porque la Catedral es el monumento más antiguo y representativo de los rionegreros. El hueco del parque (MAR) no es más que vitrinas y un centro comercial; allá no hay nada más”, afirma Arteaga.

De hecho, el presidente del Centro de Historia asegura que más de 4.000 ciudadanos han firmado el derecho de petición con el que él pretende evitar que la corona sea removida del sitio donde hoy reposa.

“Voy hasta las últimas consecuencias, voy a llevar el derecho de petición con las firmas al Ministerio de Cultura. La corona es un bien de América, de la cultura, de la libertad, no un bien municipal. Yo no se la entrego al Alcalde hasta que no haya una determinación del Concejo Municipal que, según los concejales, será dada a conocer en octubre. El capricho del Alcalde tendrá que esperar”, añadió Álvaro Arteaga.

¿Y ahora?

Con todo, resulta paradójico que la corona de Córdova, que por siglos ha sido símbolo de libertad, independencia y soberanía, hoy genere diferencias de opinión tan profundas entre los rionegreros. El tema, sin duda, trastoca, de una u otra forma, el orgullo histórico de los ciudadanos y el sentimiento de patria del pueblo.

Sobraría tiempo para convocar a los habitantes de Rionegro a la reflexión histórica del momento que atraviesa el país: que la corona de Córdova no sea la excusa para alimentar emociones contrarias a aquellas para las cuales fue majestuosamente elaborada.

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